La Santa María: buscando fidelidad histórica para el segundo forrado.

A estas alturas la construcción de mi maqueta naval es una representación más o menos fiel de una «coca» tardo-medieval, tipo de nave que posiblemente fuese el de la Santa María (nao era un término genérico que la diferenciaba de las modernas carabelas, y solo en algunos documentos). Pero hasta ahora fue fácil, ahora toca lo difícil, escoger cómo ha de ser el segundo forrado, que se hacía especialmente en la navegación de los mares europeos del Atlántico (a diferencia de la navegación de las cocas del Mediterráneo, donde pocas veces había segundo forrado).

Si nos fijamos en las miniaturas que ilustran los códices medievales, observamos una cosa en común, tablas cortas, en todo el casco de la nave, incluida la quilla y los castilletes:

Pero estas miniaturas no son reproducciones exactas, teniendo en cuenta el contexto artístico de la época son un «esquema» de lo que representan, solo con los elementos más distintivos, y a veces dibujaban «de oídas» por lo que para buscar más precisión hay que recurrir a la arqueología.

¿Y qué nos dice la arqueología? Pues que no había un estándar de construcción naval, de hecho no habrá uniformidad naval hasta el siglo XVII, que surge fruto de la arquitectura naval moderna aproximadamente a mediados del siglo XVI, con la «Carrera de Indias».  Hasta entonces, desde fínales del siglo XV, tenemos ensayos de carpinteros que trabajan sobre los barcos medievales (con algunas excepciones) por lo que el aspecto del barco depende mucho del astillero en el que se ha construido, algo que se manifiesta en los diferentes (y escasos) pecios que tenemos en las costas atlánticas y meditérraneas.

En los que nos atañe (el 2º forrado) parece ser que era más común en el Atlántico que en el Mediterráneo, y que las tablas solían varias entre los 2 y 3 metros, lo que hacía fácil su sustitución frente a las inclemencias de la mar, así que ese será el tamaño (a escala, evidentemente) que aplique en mi maqueta.